El momento más difícil del entrenamiento es, sin duda, el de tomar la decisión de ir, bien estés sentado viendo la tele o bien en el trabajo, siempre hay un pequeño diablo susurrándote a ala oreja la cantidad de motivos que tienes para no ir al gimnasio. Yo al mío me lo imagino con forma de rojo y con cuernos y rabo, diciendo “mira que bien me va a mí con mi barriguita”.
Fuera de bromas, esos 5 minutos son los más difíciles, así que un par de consejos no hacen mal a nadie.
No pienses, actúa, haz la bolsa y vete al gimnasio.
Ten cerca siempre una revista donde se vean cuerpos como el que nos gustaría tener, y échales un vistazo, la envidia (sana, claro) sigue siendo un motor muy potente.
Piensa que los días que menos te apetece son los mejores para ir a entrenar, el dulce sabor de la satisfacción por el deber cumplido se multiplica por 10, y verás como la mayor parte de los problemas que causaban tu desánimo se quedan en el gimnasio.
Y sea lo que sea que vayan a emitir en la tele, nunca, nunca, nunca, va a compensar un día de entrenamiento. Y cualquier problema que tengas en el trabajo, lo verás mucho menor después de una carrera o de una sesión de pesas.
Eso sí, una vez en el gimnasio no hagas como nuestro amigo el de la foto.
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12 de noviembre de 2011
Ejercicios: Motivación previa
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